¿Porque somos sedentarios?

June 27, 2017

 

La vida moderna sedentaria se está convirtiendo en una amenaza para nuestra supervivencia. Las cifras muestran que el sedentarismo es el cuarto factor de incidencia en salud detrás de la hipertensión arterial, la diabetes y el tabaquismo. Es notable su influencia en el incremento de enfermedades no transmisibles como el cáncer, las enfermedades pulmonares y cardiovasculares.

Hoy sabemos que los trastornos en salud mental van escalando en el ranking de los problemas de salud pública año tras año, y se convierten en un tema de debate en los niveles políticos y económicos de todos los países. El 17% de población adulta sufre algún trastorno de ansiedad, y el 11 % algún trastorno depresivo. Es impactante recodar que las proyecciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) estiman que para el año 2020 la depresión va a ser la causa n° 1 de muerte a nivel global.

Hace años que se investigan las formas más efectivas de combatir y enfrentar los trastornos en salud mental. Si bien la psicoterapia y la psiquiatría han dominado el escenario por décadas, cada vez más necesitan el complemento y la incorporación de otros recursos que potencien sus resultados u ofrezcan alternativas viables.

El ejercicio físico y el deporte se posicionan cómo unos de estos recursos, con efectividad ampliamente probada por las investigaciones. Incluso hay estudios que igualan sus resultados con los obtenidos con la psicoterapia para algunos trastornos mentales específicos.

Si miramos las estadísticas, sabemos que la mitad de la población es sedentaria, cifra que se repite en la población más joven (42% de los adolescentes no participa regularmente en programas de ejercicio físico o deporte). De los adultos sedentarios, solo el 10 % está pensando en empezar a hacer ejercicio físico o deporte dentro de un año. Lo más llamativo es que el 50 % de las personas que inician un deporte o un programa de ejercicio físico lo abandonan antes de los 6 meses. Esta parece ser la barrera crítica a vencer.

Hoy podemos decir que existe un consenso absoluto respecto a los beneficios del ejercicio físico y el deporte. No sólo contribuyen de manera positiva a nuestra salud física, sino que ya nadie discute que influyen de manera positiva en nuestra calidad de vida y bienestar general.

La pregunta válida entonces parece ser: ¿si hacer ejercicio y practicar deporte nos hace sentir tan bien, porque seguimos tan inactivos físicamente?

 

Esto tiene dos respuestas. En primer lugar hay ciertas barreras comunes que todas las personas percibimos cuando nos proponemos hacer ejercicio y practicar deporte. Por un lado, pensamos que no tenemos tiempo. En general percibimos que tenemos otras prioridades antes. Por otro lado, nos falta energía, y esto tiene que ver cómo manejamos las personas la motivación. Luego aparecen cómo barreras los problemas de salud crónicos, dificultades de logística, y por último y no menos importante la falta de apoyo social.

La segunda respuesta tiene que ver con las creencias que desarrollamos los seres humanos respecto al futuro. Por un lado, creemos que los cambios saludables futuros son más fáciles. En el futuro creemos que ejercitar será fácil. Esto nos hace planificar la actividad de manera inefectiva y tendemos a postergar el inicio. Y por otro lado las recompensas futuras nos parecen menos significativas porque tenemos que esperar. El ejercicio físico y el deporte nos prometen beneficios en el futuro pero requieren esfuerzo ahora. Con lo cual tendemos naturalmente a buscar actividades con recompensas en el corto plazo.

Existe una razón adicional que explica el sedentarismo y es el tipo de experiencia que tenemos mientras ejercitamos o hacemos deporte. La sensación de bienestar luego de hacer ejercicio o practicar deporte parece ser una experiencia universal. Todos nos sentimos bien después, una vez que concluimos la actividad. Pero lo central es lo que nos pasa durante. De hecho, algunas personas se sienten bien y otras se siente mal mientras realizan la actividad.

Esto tiene que ver con la relación que desarrollamos las personas con la intensidad. Se descubrió que, si la intensidad de la actividad es más alta de lo que nuestro cuerpo puede tolerar, aparecen rápidamente pensamientos negativos, incomodidad y miedo. Esto aumenta la probabilidad de lesiones, estrés y abandono prematuro.  

En definitiva, lo que pensamos y sentimos tiene un impacto profundo en el disfrute mientras hacemos ejercicio y practicamos deporte, aumentando o disminuyendo la probabilidad de superar la barrera crítica de los 6 meses, y dejar el sedentarismo atrás.

 

¿Por qué somos sedentarios? Estas, en resumen, son las respuestas:

  • Administramos mal nuestro tiempo, y pensamos que hay otras prioridades antes.

  • Usamos la motivación de un modo inefectivo, creyendo que ejercitar y hacer deporte solo depende de nuestras ganas o energía.

  • No prestamos atención a los problemas de salud que tenemos y nos cuesta seguir las indicaciones de los profesionales.

  • No contamos con el lugar para realizar la actividad ni tampoco con el equipamiento adecuado.

  • No tenemos con quien practicarlo y el apoyo familiar y de nuestro entorno inmediato suele ser bajo.

  • Planificamos mal y tendemos a postergar.

  • Buscamos recompensas inmediatas.

  • Desarrollamos una intensidad muy alta mientras hacemos ejercicio y deporte.

En los próximos artículos desarrollaremos estos desafíos en profundidad, y conoceremos las estrategias que mejor funcionan para enfrentarlos y superarlos.

 

 

 

 

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